sin corte de pelo
¿se puede comenzar?
Una noche, triste, angustiada, aplastada por la soledad y por mi incapacidad para dejar las emociones estar, pensé en mi madre y su belleza. Ojos verdes, simetría, pelo rubio, corte bob. Corte bob. La treintena es una penitencia en la que, con mucho gusto, tras entender e integrar que tus progenitores son humanos, te pasas los días limpiando la memoria y reparando lo de dentro y lo de fuera. Qué bonita manera de honrar a mi madre. Acercarme a su imagen para quererme como la quiero. Entonces me empapé la vista de fotos antiguas, busqué en Pinterest italian bob, bob francés. Qué elegante, cuánta clase, qué acierto. Así podría, también, olvidarme de esta pena y ocuparme de otra cosa. Así podría preocuparme cada mañana de cómo conseguir domar mi pelo y no mi vida.
Un cambio es un comienzo y diciembre es la antesala de un principio. Un principio es una oportunidad, y pienso en ello como si no pudiera ser un principio este preciso instante.
A la mañana siguiente pedí cita en la peluquería “para cortarme el pelo muy corto”. La peluquera me dijo que “ay, qué pena”. Yo me molesté un poco porque mi determinación se tambaleó. Me dio cita para el día siguiente por la mañana. Todo ese día miré fotos y fotos de referencia desde una ilusión más que conocida. Intensa, poderosa, frágil como una granada a punto de explotar. Amanecí y me miré por primera vez en casi dos meses. Limpié mi cara en profundidad, me maquillé con mis productos favoritos y utilicé las sombras que mejor combinan con mis ojos castaños. Me puse mi vestido favorito, todo esto por si no me gustaba el resultado, verme al menos un poco mona. El caso es que, como decía, amanecí y me miré por primera vez en casi dos meses. Me miré con cariño, con ternura, como despidiéndome de alguien que no entiendes por qué se va.
Supe que no quería cortarme el pelo en ese instante, pero aun así salí a la calle camino a mi cita. Caminaba y me detenía. Caminaba y me detenía. Caminaba y me detenía… hasta que me senté en el filo del escalón de entrada de un comercio cerrado. La cita era a las once en punto y ya eran y diez. Una extraña certeza se instaló en el corazón y, con muchísimo apuro, llamé para cancelar la cita. Intuí algo de alivio en la voz al otro lado del teléfono y pregunté si debía pagar alguna señal, pero la voz me dijo que nada, que no me preocupara.
Yo no sé si toda esta melena que cae cubriendo mi espalda hasta la cintura guarda tristeza o no, pero si es que sí, probablemente también guarde dosis extraordinarias de valentía. He sido tan valiente estos últimos años… joder, y me lo he reconocido tan poco. Esta melena es un viaje de juventud a adultez. Un viaje, una catarsis. La prueba tangible de que todo pasa por el tiempo.
Este 2026 no quiero soltar. Quiero llevármelo todo.


Qué bonito, yo estoy igual. En 2025 no dejé de soltar, en el nuevo año quiero llevármelo todo. Sobre todo lo bueno 🫂
Los procesos personales, tan unidos a esos cambios de "look" ¿Por qué será?
En esta ocasión, has sido la excepción a la regla.
Un abrazo 🫂